Propiedad intelectual

Crónica de una cena con Sinde

Hemos repescado una parte de la crónica de Amador Fernández-Savater (coeditor de Acuarela Libros) que publica Salonkritik (artículo completo), acerca de una consultiva cena previa a la aprobación de la Ley Sinde. Es un testimonio más dentro de un debate, con muchas aristas que desearí­amos alimentar porque los esquemas de comunicación cultural están en fase de transición, y los interesados agentes sociales naturales, sociedad, interlocutores y actores políticos ocupan un protagonismo en la escena, contexto que la opinión pública -y especialmente en la red- juzgará en su momento, factores incluso como las presiones de la embajada de EE.UU sobre las fuerzas políticas, reuniones del embajador de EEUU con el PP, advertencias al gobierno del PSOE y más (leanse los cables publicados por wikileaks y el país).

Un capítulo más de la lucha por el futuro de nuevos modelos de comunicación,  un camino que necesariamente recorrerá la historia. Los ingredientes de la solución: ausencias de perspectiva, carencia de ingenio, la insolvencia de algunos, los intereses de otros y como no, arrogantes interlocutores de dudosa legitimación representativa. En el hogar del controvertido asunto de los derechos de autor y la ley de propiedad intelectual, prevalece la concepción de una cultura monolítica mercantilista sin pronósticos ni orientaciones acertadas de futuro.

…”Quien repase la lista de invitados concluirá enseguida que se trata del miedo a la crisis irreversible de un modelo cultural y de negocio en el que “el ganador se lo lleva todo” y los demás poco o nada. Pero no nos lo pongamos demasiado fácil y pensemos generosamente que el miedo que circulaba en la cena no sólo expresa el terror a perder una posición personal de poder y de privilegio, sino que también encierra una preocupación muy legítima por la suerte de los trabajadores de la cultura. Ciertamente, hay una pregunta que nos hacemos todos(1) y que tal vez podría ser un frágil hilo común entre las distintas posiciones en juego en este conflicto: ¿cómo pueden los trabajadores de la cultura vivir de su trabajo hoy en día?

Lo que pasa es que algunos nos preguntamos cómo podemos vivir los trabajadores de la cultura de nuestro trabajo pero añadiendo (entre otras muchas cosas): en un mundo que es y será infinitamente copiable y reproducible (¡viva!). Y hay otros que encierran su legítima preocupación en un marco de interpretación estrechísimo: la industria cultural, el autor individual y propietario, la legislación actual de la propiedad intelectual, etc. O sea el problema no es el temor y la preocupación, sino el marco que le da sentido. Ese marco tan estrecho nos atrapa en un verdadero callejón sin salida en el que sólo se puede pensar cómo estiramos lo que ya hay. Y mucho me temo que la única respuesta posible es: mediante el miedo. Responder al miedo con el miedo, tratar de que los demás prueben el miedo que uno tiene. Ley, represión, castigo. Lo expresó muy claramente alguien en la reunión, refiriéndose al modelo americano para combatir las descargas: “Eso es, que al menos la gente sienta miedo”. Me temo que esa es la educación para la ciudadanía que nos espera si no aprendemos a mirar desde otro marco.

Tienen miedo a la Red. Esto es muy fácil de entender: la mayoría de mis compañeros de mesa piensan que “copiar es robar”. Parten de ahí, ese principio organiza su cabeza. ¿Cómo se ve la Red, que ha nacido para el intercambio, desde ese presupuesto? Está muy claro: es el lugar de un saqueo total y permanente. “¡La gente usa mis fotos como perfil en Facebook!”, se quejaba amargamente alguien que vive de la fotografía en la cena. Copiar es robar. No regalar, donar, compartir, dar a conocer, difundir o ensanchar lo común. No, es robar. Traté de explicar que para muchos creadores la visibilidad que viene con la copia puede ser un potencial decisivo. Me miraban raro y yo me sentía un marciano.

Me parece un hecho gravísimo que quienes deben legislar sobre la Red no la conozcan ni la aprecien realmente por lo que es, que ante todo la teman. No la entienden técnicamente, ni jurídicamente, ni culturalmente, ni subjetivamente. Nada. De ahí se deducen chapuzas tipo Ley Sinde, que confunde las páginas de enlaces y las páginas que albergan contenidos. De ahí la propia idea recurrente de que cerrando doscientas webs se acabarán los problemas, como si después de Napster no hubiesen llegado Audiogalaxy, Kazaa, Emule, Megavideo, etc. De ahí las derrotas que sufren una y otra vez en los juzgados. De ahí el hecho excepcional de que personas de todos los colores políticos (y apolíticos) se junten para denunciar la vulneración de derechos fundamentales que perpetran esas leyes torpes y ciegas”…

Open SOurce 1 – Software 1

Empate, sí, porque ahora se consolida la igualdad legal de los sistemas operativos freeware en la plataforma Linux, se legaliza la cohabitación con los sistemas operativos hegemónicos: windows y Mac OX. No obstante, no muy lejos tenemos el aliento en el cogote del concepto cloud computing que desvanecerá la noción actual de sistema operativo: chrome de google sobre el núcleo Kernel de linux y ubuntu one conforman la punta de lanza. Veremos.

La Sentencia judicial norteamericana dictamina que el código fuente de Unix, corazón de Linux, pertenece a Novell en el juicio comenzado en Salt Lake City (Utah). La justicia ha confirmado que SCO (demandante) no es el propietario de los derechos del sistema como aseguraba, que buscaba cobrar millones de dólares en licencias a empresas que habían distribuido código de Unix con Linux.
Unix fue creado hace más de 35 años en los laboratorios de la operadora de telecomunicaciones ATT, que vendió los derechos sobre el sistema a Novell. La compañía siempre ha argumentado que retuvo el copyright sobre Unix cuando vendió esta tecnología a Santa Cruz Operation en 1995. Ésta, a su vez, la revendió a Caldera Software en 2001, empresa que después se convirtió en el grupo SCO. Dos años después, en un giro empresarial estratégico, anunció varias iniciativas para reforzar sus derechos de propiedad intelectual, que dispararon los pleitos entre las compañías, IBM, Red Hat, Auto Zone y Novell. Otras 1.500 empresas también recibieron amenazadoras cartas para que no utilizaran Linux, bajo la consideración de que plagiaba el código de Unix.

SCO se declaró en quiebra en 2008 y continuará con su política de demandas judiciales iniciadas contra IBM por infracción del copyright.

Al pairo de esta noticia introduciremos la cuña: el software libre es, según la Free Software Foundation, aquel software que permite cuatro libertades a los usuarios: libertad para usarlo, libertad para estudiar el código, libertad para adaptarlo y libertad para distribuirlo. De esta forma, las mejoras que se realicen benefician al resto de la comunidad. Dentro del gran almacén del software libre se encuentra el sistema operativo GNU/Linux, que utiliza como núcleo operativo un desarrollo llevado a cabo en 1991 por el ingeniero finlandés Linus Tovalds, que lo bautizó como Linux.

Este desarrollo era la pieza que faltaba para dotar de eficacia al primer sistema operativo hecho completamente con software libre y capaz de competir con Windows y Mac OS, los dos sistemas propietarios hegemónicos. A partir de él, se han derivado muchas versiones que actualmente circulan por la Red, y aunque de forma coloquial los usuarios utilizan el término “Linux” para referirse al sistema operativo en su conjunto, éste se refiere realmente sólo a su núcleo.

Destacamos esta noticia porque consideramos las posibilidades de desarrollo creativo a través de herramientas tecnológicas, por ello, cualquier avance que permita el acceso libre a plataformas base de sistemas operativos debería dar lugar al progreso de forma genérica, y particularmente hacia aplicaciones orientadas a la creatividad levantadas en la filosofía de la gratuidad, así como una aproximación a los conceptos de cultura, crecimiento intelectual y pedagógico de los individuos en una sociedad igualitaria capaz de propiciar patrimonios públicos de la ciudadanía y de la humanidad frente a la parcelación privativa que la sociedad capitalista impone a la propiedad intelectual común, como por ejemplo cuando se invocan derechos de propiedad intelectual en los avances sanitarios y farmacológicos (hasta han llegado a patentar genes).

El conocimiento y la cultura constituyen la próxima frontera que ya vienen transgrediendo los lobbies que proyectan los desequilibrios sociales del planeta abundando en un objetivo: prolongar la existencia de la propiedad privada a lo inmaterial aunque pueda ser patrimonio necesario de la humanidad, solo para obtener réditos económicos con la posesión, administración, distribución o cualquier otro trasunto mercantilista. Los derechos de autor y la pérdida de dominio público sobre la cultura también están en el trasfondo de todo esto. Los creativos y artistas sucumben al torrente argumental de los poderosos que ven detrás de la propiedad intelectual el sostenimiento de las marcas, la plusvalía de diseñar en el primer mundo, producir a bajo coste en países emergentes aumentando exponencialmente beneficios que se alejan de la economía real, estableciendo desigualdades y contemporizando con un planeta en que globalización es imposibilidades para los individuos (particularmente los más desfavorecidos) y ausencia de fronteras como legislaciones a medida para el capital.

Existe una responsabilidad social de los productores de cultura. Es compatible cuidar los mecanismos de retribución de los artistas, contemplar la necesaria estabilidad de un sector cultural que promueva fórmulas de autosuficiencia económica para los artistas productores, sin compartir trinchera argumental con aquellos que convienen que el copyright no tiene límites y que la propiedad intelectual alcanza para patentar mecanismos biológicos, fármacos que podrían solucionar pandemias o programas informáticos necesarios que soportan la comunicación común en una nueva era.

El derecho del artista a verse recompensado por un trabajo creativo, a nuestro juicio no debe dar lugar para acotar las comunicaciones de red como si se tratase de prohibir una conversación libremente adoptada entre dos o más personas. La colisión de intereses entre el derecho a la subsistencia del creativo y el derecho de la humanidad a comunicarse y compartir la cultura es un artificio interesadamente creado para controlar bienes públicos e inmateriales en favor de provechosos negocios que no atañen a los artistas.

Acerca de la Propiedad Intelectual. David Bravo Bueno

Una publicación para comprender conceptos como el copyleft, licencias creative commons, copyright y otras formas de la reproducción y divulgación de la propiedad intelectual. Interesante como también otros parámetros legales y sociales de la misma. Una joya talludita para agregar a la biblioteca.

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