Tuvimos conocimiento de una red Smartmob de naturaleza lúdico-creativa, los padres de la Zombie Party Valencia con la participación de más de 400 personas reclutados a través de las redes sociales. Una auténtica performance multitudinaria. Evanescente y creativa. La declaración de intenciones de su facebook habla de juegos grupales, movimiento urbano, lipdubs.

La magnitud generalista de esta historia de las Smartmob (multitud inteligente) nos habla de una forma de organización social que nace y se estructura a través de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones. La tendencia tiene una componente de compromiso ciudadano y un calado que no es solo un dominio estético sino tambien ético, a diferencia de la propuesta valenciana con que abrimos el artículo.

El termino fue acuñado (según wiki) por Howard Rheingold en su libro Smart Mobs: The Next Social Revolution . Según Rheingold, “los smart mobs son un indicador de la evolución de las tecnologías de comunicación y son estas las que le otorgan poderes a las personas”. Algo así como una mayor madurez de la condición de ciudadanía en los ámbitos de la comunicación escénica, pública y mediática.

Realmente este tipo de fenoménos nos traen una dimensión de las futuras transformaciones sociales que establecerán equilibrios diferentes entre los agentes de comunicación. Hablamos de una reordenación del protagonismos e importancias a favor de los movimientos sociales en que los ciudadanos adquieren más relevancia gracias a las nuevas formas de comunicación. Asistimos a la decadencia de las estructuras de comunicación verticales desde arriba hacia los ciudadanos (publicidad, instituciones, medios tradicionales, canales del arte, prensa) versus la proliferación de redes sociales de transmisión horizontal de la información que traen territorios de fertilidad creativa, espacios de transparencia informativa (vease wikileaks) y otros patrimonios de derechos de ciudadanía recuperados para la humanidad.

Las multitudes inteligentes se organizan espontáneamente a través de internet y de dispositivos móviles de comunicación con fines que puede ser completamente lúdicos o con una fuerte carga política. Vienen a ser una suerte de performers coordinados con cierta agilidad propiciada por las nuevas tecnologías de comunicación.

Flash mobs es una forma específica de la smartmob, término que describe un grupo de personas que se reúnen de repente en un lugar público para hacer algo inusual por un breve período de tiempo y luego se dispersa rápidamente. “flash mob” ha sido utilizado por los medios de comunicación y promotores para referirse a casi cualquier forma de multitud inteligente.

En el ámbito de la publicidad se han realizado acciones que absorben esta estética en su manifestación lúdico-estético-escénica para asociarla a una campaña de promoción. Generalmente con una infraestructura que utiliza la mecánica de grupo social en una hibridación con la estructura profesional de la agencia publicitaria de turno. Algo así sucedio con los virales.

De cualquier forma e independientemente de las utilizaciones a que se verán sometidas estas explosiones sociales, el valor añadido de estos movimientos existe en los lugares comunes de la comunicación ciudadana que adquieren un interesante impulso en la creatividad. Finalmente constituyen una siembra de democracia veraz en el tejido social.

El origen de smart mobs parece que fueron adolescentes llamados “tribus del pulgar” en Tokio y Helsinki, que utilizaban mensajes de texto en teléfonos celulares para organizar improvisadas raves o acechar a las celebridades. Por ejemplo, en Tokio, multitudes de fans adolescentes se reunían aparentemente de forma espontánea en lugares donde se rumoreaba que un músico de rock haría presencia.

En los territorios de la actividad ciudadana imprevista, cabe reseñar la anécdota de los días posteriores a las elecciones presidenciales de EE.UU. de 2000. Zack Exley -un activista online- creó anonimamente un sitio web que permitía a la gente sugerir lugares para reuniones de protesta por el recuento supuestamente fraudulento de los votos en la Florida. El primer sábado después de las elecciones, más de 100 protestas significativas tuvieron lugar, muchas de ellas con miles de participantes y sin ningún esfuerzo de organización tradicional alguna, solo ciudadanos expresandose. Exley escribió en diciembre de 2000 que las auto-organizado protestas demostraron que un cambio fundamental se estaba produciendo en la vida política nacional de los EEUU. No es Internet en sí, sino la capacidad emergente y la posibilidad de que cualquier persona pueda comunicarse de manera gratuita y anónima con otras personas de manera horizontal, sin alteraciones de la información propiciadas desde gestores tradicionales  de la comunicación (agencias de información, agencias gubernamentales), generalmente mediatizadas por “conveniencias”, equilibrios de poder, o simplemente contaminadas por intereses de audiencia con estímulos de componente más mercantiles que de servicio público.